La noche en Mixquic

Panteón de Mixquic

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Muchos de los mejores momentos de la vida nos llegan cuando dejamos de intentar y simplemente nos dejamos llevar por lo que el momento tenga preparado para nosotros. Justo eso pasó en Mixquic, cuando luego de una pequeña vuelta por el lugar comenzamos a pensar en la posibilidad de irnos. El cementerio estaba cerrado, tanta gente mirando los danzantes que apenas se miraban sobre las cabezas de la multitud. Luego algo indescifrable pasó: nos resignamos a lo que había y entonces comenzó todo.

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Ocēlōpilli, El guerrero Jaguar

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Los danzantes del Anahuac bailan con fuerza, sus danzas comienzan al atardecer para acompañar al Sol durante su tránsito hacia la noche y de allí hasta su renacimiento al amanecer. Al entrar, cada danzante es purificado por el humo del copal que emana del sahumerio; es una mujer quien purifica con movimientos circulares en forma de cruz: izquierda-derecha / arriba-abajo. Los movimientos hacia la izquierda simbolizan la energía, hacia la derecha la fuerza, hacia arriba la vida y hacia abajo la muerte.

Enseguida se pide permiso a cada punto cardinal, a los cuatro vientos, para iniciar la ceremonia, haciendo círculos con el sahumerio y soplando el caracol para purificar el lugar en el que se va a danzar.

De camino de regreso al coche, vimos como algunos trepaban la barda del cementerio cerrado, no lo pensamos un segundo, brincamos también.

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Durante la conquista en vez de soldados se enviaron misioneros a Mixquic que en 1627 establecieron la catedral sobre el templo a Tezcatlipoca y el panteón sobre el campo de juego de pelota.

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Panteón de Mixquic

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Para conseguir que los indígenas entraran a la iglesia, colocaron importantes símbolos dentro del templo: los aros del juego de pelota, imágenes de Huehueteotl, de Tezcatlipoca. Al pie de la cruz de piedra se colocó un Tzompantli – muro de cráneos humanos que representa al Mictlán, el inframundo, la tierra de los muertos (los aztecas no tenían una concepción de cielo-infierno, buenos y malos todos van al Mictlán).

 

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Cruz de piedra sobre un Tzompantli

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Tonantzin

Del nahuatl «nuestra venerada madre», nuestra (to-) venerada (-tzin) madre (nān-)

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Y así la noche nos tomó, platicando entre amigos sobre la vida, sentados sobre alguna tumba en la casa de los muertos a la que regresarían al día siguiente en la legendaria «alumbrada» que el pueblo hace para que los espíritus que nos acompañaron durante los días de muertos, vuelvan a su reposo.

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La noche en Mixquic

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Las raíces del cielo

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El Sol comenzó a salir por detrás de los volcanes, el amanecer nos llegó, y la fiesta de los muertos comenzó a tener sentido en mi vida: Agradecer a los que nunca se van, a las abuelas y los abuelos siguen cuidándonos y que al menos, por unos días al año, todos estamos juntos.

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El amanecer

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El amanecer

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El amanecer

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